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Caminando hacia el Banco
Dani Boom
-¿Quieres
comprar mis collares?, llegò a mis oìdos como la mùsica màs hermosa del
mundo
Una vocecita irrumpió en mi
mente haciendo la mañana dulce. A la altura de mis rodillas se mecía una
vara llena de colgantes multicolor. La sostenía una nenita pequeñísima y
rubia, con la cara tostada y el cabello más suave y liso que haya visto
jamás. Rejeni, que así se llamaba la niña, me conquistó de principio a fin
con el aura que solo los ángeles poseen. Su madre, Romi, tendía sobre un
pedazo de tela en el suelo, otros de los collarines y pulseras hechos
por la chiquilla que adornaban el cemento gris con visiones arcoíris.
Les compré un collar de concha que parecía más el colgante que algún
cazador o guerrero prehistórico llevaría para la buena suerte a la guerra
contra otra tribu o que hubiera recibido de su amada recordándola así al
separarse. O por lo menos, eso se fijó en mi cabeza el momento en que
sostenía entre dos dedos el adorno mirándolo extasiada.
Me di cuenta
que otras personas se acercaban para observar más a la carismática infanta
que a sus creaciones, pero yo seguí mi camino como hipnotizada con el
colgante en el cuello, jugando en mi mente todo el tiempo con aquella
fantasía paleolítica.
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